jueves, 23 de marzo de 2017

Donde quieren - Columna San Cadilla Reforma - 23 Marzo 2017



Donde quieren

A la revuelta de los árbitros de hace un par de semanas aún le queda cola.

Me enteré de que la suspensión de un año que les aplicaron a Pablo Aguilar y Enrique Triverio no fue el único trofeo con el que salieron los silbantes, sino que dieron un gran paso para solucionar a su conveniencia algo que era un dolor en el costado.

Ya entrados en demandas y sabiendo que la FMF tenía poco margen de maniobra, los de negro, nada mensos, llevaron a la mesa su demanda de que no los obliguen a ir a entrenar a Toluca, como lo había instaurado Edgardo Codesal, quien impuso un sistema casi casi de tomarles asistencia, una de las causas para que los mismos árbitros que lo pusieron en la Comisión luego lo echaran de ahí.

Como la Fede no podía darse el lujo de perder otra jornada de la Liga, pues abrió la puerta a esta demanda y desde la semana anterior los nazarenos de la Asociación Mexicana de Árbitros tienen chance de entrenar en la Ciudad de México.

Al final del camino, mis amigos de la AMA no tienen ni siquiera un sindicato en forma, pero ya pusieron y tumbaron a Codesal, "castigaron" un año a dos futbolistas y hasta deciden dónde quieren entrenar.

Y su nieve, ¿de qué sabor la van a querer?

Amistad ejemplar

Aarón Padilla no está solo en su lucha contra el mal degenerativo que mina su salud y sus recuerdos desde hace varios años.

El "Gansito" cuenta con un gran amigo que lo ha acompañado en las buenas y en las malas.

Bien dicen que lo que se siembra se cosecha y por eso hoy el ex directivo de Pumas y de la Federación Mexicana de Futbol cuenta con un hombre como Enrique Borja, para apoyarse cuando le faltan las fuerzas.

Borja y Padilla han sido inseparables desde sus épocas de jugadores. Cuando se retiraron, cada semana se veían una o dos veces para comer o cenar, compartían vacaciones con sus familias, sus hijos crecieron juntos y hoy que Aarón necesita apoyo, el ex goleador está más presente que nunca pese a que la distancia podría ser un pretexto para no hacerlo.

Enrique Borja viaja constantemente desde Miami para estar con su eterno compañero, habla casi todo los días para saber cómo va y cada vez que viene a México es para conversar con él, tratando de que no se borren los momentos mágicos que compartieron.

El domingo, por supuesto, no fue la excepción. Borja estuvo ahí en el Estadio Olímpico Universitario para darle su brazo y caminar a su lado en el homenaje que le rindió el Club Universidad, como uno más, gustoso de acompañar al amigo, al que desde hace años llama hermano, porque si no lo fue de sangre, sí por elección.

En el futbol pocas veces una amistad trasciende los años, pero la de Borja y Padilla es ejemplar.

Mail: san.cadilla@reforma.com
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